Chile pierde confianza en sus instituciones: experta UOH advierte una fractura entre el Estado y la ciudadanía

Editado por Gety Pavez Vidal
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  El último informe de la OCDE muestra que Chile volvió a retroceder en los niveles de confianza hacia las instituciones públicas. Para Javiera Delgadillo este fenómeno responde a problemas estructurales que van más allá de un gobierno de turno y refleja una creciente desconexión entre el Estado y las necesidades de la ciudadanía.

Chile concretó un nuevo descenso en el último informe OCDE sobre los factores determinantes de la confianza en las instituciones públicas, datos que revelan que solo un 26% de la población chilena declara confiar moderada o altamente en el Gobierno nacional, cifra inferior a la registrada en 2023 y muy por debajo del promedio de los países de la OCDE.

Para Javiera Delgadillo, docente adjunta de la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad de O’Higgins (UOH), la confianza en las instituciones públicas no se construye únicamente con crecimiento económico o buenos indicadores de gestión. Depende, sobre todo, de que las personas perciban que el Estado responde a sus necesidades, actúe con transparencia y sea capaz de mejorar su calidad de vida. “Cuando esa percepción se debilita, también lo hace la legitimidad de las instituciones y, con ella, la fortaleza de la democracia”, explica la experta.

La Administradora Pública señala que reducir el fenómeno a una evaluación del desempeño gubernamental sería una interpretación incompleta. “La confianza en las instituciones permite que las personas comprendan al Estado como una entidad que influye positivamente en su vida diaria, resolviendo sus necesidades y resguardando su integridad. Cuando esa experiencia cotidiana no ocurre, la confianza comienza a deteriorarse”, explica.

Paradoja del desarrollo

Delgadillo sostiene que Chile enfrenta una contradicción que ayuda a comprender este fenómeno: exhibe indicadores económicos propios de un país desarrollado, pero mantiene profundas brechas sociales que afectan la percepción ciudadana.

“Chile vive una paradoja. Tenemos niveles importantes de desarrollo económico, pero también una de las mayores tazas de desigualdad. Para muchas familias, llegar a fin de mes sigue siendo una incertidumbre, y esa experiencia pesa más que cualquier indicador macroeconómico”, afirma.

A su juicio, la distancia entre las cifras de crecimiento y la realidad cotidiana provoca que muchas personas sientan que las instituciones no representan sus intereses ni responden efectivamente a sus problemas.

Confianza y seguridad

Otro elemento que influye en este deterioro es la percepción de inseguridad. Aunque Chile continúa ubicándose entre los países más seguros de América Latina, el temor al delito ha aumentado de forma sostenida durante la última década. “La sensación de inseguridad ha crecido y eso impacta directamente en la forma en que las personas evalúan el desempeño de las instituciones. Muchas veces la percepción termina siendo tan influyente como la realidad”, señala Delgadillo.

A ello se suma la persistente percepción de corrupción, uno de los factores que, según distintos estudios internacionales, mantiene una relación directa con la pérdida de confianza institucional.

“Cuando la ciudadanía percibe que existen altos niveles de corrupción, resulta mucho más difícil confiar en quienes administran el Estado. Esa relación ha sido ampliamente documentada y Chile no es la excepción”, sostiene.

Desafío para la democracia

La docente advierte que el problema trasciende las cifras y tiene consecuencias concretas para el funcionamiento democrático. “Mantener niveles persistentemente bajos de confianza fisura la convivencia democrática, porque las personas dejan de sentirse parte de un proyecto común y comienzan a perder confianza en la capacidad de las instituciones para resolver los problemas públicos”, explica la docente.

Ese escenario -agrega- favorece la aparición de discursos que desacreditan la política y cuestionan el valor de las instituciones democráticas.

“Cuando se instala la idea de que todas las instituciones fallan o que la política no sirve, aumenta el riesgo de que prosperen respuestas simplistas frente a problemas complejos. Eso debilita la democracia”, advierte.

Vínculo Estado-Ciudadanía

Para Delgadillo, recuperar la confianza exige mirar el problema desde una perspectiva de largo plazo y reconocer que se trata de un fenómeno complejo. “No existen soluciones rápidas. Es necesario preguntarnos si el modelo político y económico que tenemos está respondiendo a las expectativas de la ciudadanía y si ofrece condiciones para un desarrollo más equitativo”, plantea.

Asimismo, considera indispensable fortalecer la educación ciudadana para que las personas comprendan mejor el funcionamiento de las instituciones y participen activamente en la vida democrática.”La confianza también se construye cuando la ciudadanía conoce sus instituciones, entiende cómo funcionan y siente que puede incidir en ellas. Recuperar ese vínculo será uno de los principales desafíos para el país durante los próximos años”, concluye.