Capítulo 41.
Energía
y metabolismo II: respiración
Las células heterótrofas
obtienen energía de la oxidación de los compuestos que contienen
carbono. Este proceso libera dióxido de carbono y, para máximos
rendimientos energéticos, requiere oxígeno. La respiración
-o ventilación- es el medio por el cual un animal obtiene oxígeno
para la respiración que ocurre en sus células y se libera del
dióxido de carbono.
Tanto el agua como el aire contienen
oxígeno. El oxígeno entra a las células y a los tejidos
corporales por difusión, moviéndose desde regiones donde su presión
parcial es alta a regiones donde su presión parcial es baja. Sin embargo,
el movimiento de oxígeno por difusión es eficiente sólo
cuando hay un área superficial relativamente grande expuesta a la fuente
de oxígeno y cuando la distancia por la cual el oxígeno debe difundir
es corta.
Las branquias y pulmones surgieron
como resultado de presiones selectivas que permitieron incrementar la eficiencia
de los medios de intercambio gaseoso. Ambos órganos presentan grandes
superficies para el intercambio de gases y tienen también una rica provisión
de sangre que transporta estos gases hacia otras partes del cuerpo del animal.
La respiración en los
animales grandes implica tanto la difusión como el flujo global. El flujo
global lleva agua o aire a los pulmones o a las branquias y hace circular el
oxígeno y el dióxido de carbono en el torrente sanguíneo.
Los gases se intercambian por difusión entre la sangre y el aire de los
pulmones o el agua que rodea a las branquias, y entre la sangre y los tejidos.
En los seres humanos, el aire
entra a los pulmones a través de la tráquea y avanza hasta los
bronquios y bronquiolos, que terminan en los alvéolos donde se produce
el intercambio gaseoso.
Los cambios en el volumen de
la cavidad torácica son los responsables de la variación en la
presión de los pulmones. El sistema respiratorio humano funciona como
resultado de cambios en la presión pulmonar que, a su vez, resultan de
cambios en el tamaño de la cavidad torácica.
El oxígeno debe ser transportado
a través de la sangre a todas las células del cuerpo. Los pigmentos
respiratorios incrementan la capacidad transportadora de oxígeno de la
sangre. En los vertebrados, el pigmento respiratorio es la hemoglobina que transporta
el oxígeno. Cada molécula de hemoglobina tiene cuatro subunidades,
cada una de las cuales puede combinarse con una molécula de oxígeno.
El dióxido de carbono es transportado en el plasma sanguíneo principalmente
en forma de ion bicarbonato.
La frecuencia y amplitud de
la ventilación son controladas por neuronas respiratorias del tronco
encefálico. Estas neuronas, activan neuronas motoras de la médula
espinal que hacen que el diafragma y los músculos intercostales se contraigan
y responden a señales causadas por cambios leves en las concentraciones
del ion hidrógeno, del dióxido de carbono y del oxígeno
en la sangre.
Difusión y presión
de aire
En todo organismo el intercambio
gaseoso -es decir, el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono
entre las células y el ambiente que las circunda- ocurre por difusión.
La velocidad a la cual una sustancia difunde entre dos sitios está dada
por la Ley de Fick. Los animales pueden maximizar la velocidad de difusión
usando aire en lugar de agua, presentando una mayor área de intercambio
gaseoso o un gradiente de concentración más pronunciado.
Para describir a un gas, es conveniente referirse a su presión y no a su concentración. A nivel del mar, el aire ejerce una presión de 1 atmósfera sobre nuestra piel, que es suficiente para sostener una columna de agua de aproximadamente 10 metros de alto o una columna de mercurio de 760 milímetros.

La presión atmosférica se mide habitualmente por medio de un barómetro de mercurio.
La presión total de una mezcla de gases, como el aire, es la suma de
las presiones de cada gas en la mezcla y la presión de cada gas es proporcional
a su concentración.

El oxígeno, por ejemplo, que constituye aproximadamente el 21%, en volumen,
del aire seco, ejerce el 21% de la presión atmosférica -160 mm
Hg-. Este valor se conoce como presión parcial de oxígeno (PO2).
La producción de CO2,
producto del metabolismo, y el consumo de O2 se hallan relacionados y su intercambio
se lleva a cabo en el alvéolo; en las vías respiratorias las concentraciones
de estos gases se modifican. De acuerdo con sus respectivas presiones parciales
estos gases se mueven de un compartimiento a otro, desde una región de
presión parcial más alta a una región de presión
parcial más baja.
En ambientes localizados a grandes
alturas, la presión atmosférica es baja (y, por consiguiente,
la PO2 es menor). Si una persona que vive a nivel del mar visita un lugar que
está a una altitud comparativamente elevada., se sentirá ligeramente
mareada al principio y se cansará con facilidad, debido a la menor PO2.
Para vivir a grandes alturas y para escalar con éxito una montaña,
se requiere que el organismo experimente una serie de adaptaciones fisiológicas.
En aguas profundas, la situación
es opuesta -las presiones de gas son más elevadas-. Si un buzo asciende
con demasiada rapidez, puede sufrir una embolia muy dolorosa y, en algunas ocasiones,
mortal.
Evolución de los sistemas
respiratorios
El oxígeno penetra y
se mueve en las células por difusión. Dentro de la célula
participa en la oxidación de compuestos orgánicos que son fuentes
de energía celular. En este proceso se produce dióxido de carbono,
que difunde luego fuera de la célula a favor del gradiente de concentración
o de la presión parcial. Las sustancias pueden moverse eficientemente
por difusión sólo hasta distancias muy cortas.
Los organismos que aumentaron
de tamaño en el curso de la evolución, también desarrollaron
sistemas circulatorios y respiratorios que transportan gran cantidad de moléculas
gaseosas por flujo global.
En la lombriz de tierra existe
una red de capilares que se encuentra separada de la superficie del cuerpo por
una sola capa de células. El oxígeno y el dióxido de carbono
difunden directamente a través de la superficie húmeda del cuerpo
pero dentro del animal son transportados por flujo global.
En los insectos y algunos otros
artrópodos el aire es canalizado directamente dentro de los tejidos por
una serie de túbulos revestidos de quitina.Este
sistema es eficiente en los organismos pequeños, pero constituye una
limitación importante al tamaño que puede ser alcanzado por un
animal.
Las branquias y los pulmones constituyen modos de incrementar la superficie respiratoria. Las branquias usualmente son superficies evaginadas mientras que los pulmones son cavidades o superficies invaginadas.

Las branquias son evaginaciones del epitelio que incrementan el área superficial expuesta al agua.
Frecuentemente, las branquias están cubiertas por un exoesqueleto, como
en los crustáceos, o por una cubierta lobulada, como en los peces. En
el axolote, el anfibio que se muestra aquí, la naturaleza externa de
las branquias es claramente evidente. Su color rojo brillante se debe a la sangre
que fluye a través de redes densas de capilares que se encuentran separadas
de la superficie de la branquia por una única capa de células.
La superficie respiratoria de
la branquia, como la superficie de la lombriz de tierra, es una capa unicelular,
expuesta al ambiente de un lado y a los vasos del sistema circulatorio del otro.
Se cree que la branquia de los vertebrados cumplió primariamente una función alimentaria. En las branquias de los peces, los vasos de la circulación están dispuestos de modo tal que la sangre es bombeada a través de ellos en dirección opuesta a la del agua que contiene oxígeno, en una disposición de contracorriente que da como resultado una transferencia de oxígeno a la sangre mucho más eficiente que si ésta fluyese en la misma dirección que el agua.

En los peces, el oxígeno entra a la sangre por difusión desde el agua que fluye a través de las branquias.
a) La estructura anatómica de las branquias determina que la velocidad
de difusión sea máxima. b) Los vasos circulatorios están
dispuestos de tal forma que la sangre es bombeada a través de ellos en
dirección opuesta a la del agua que lleva oxígeno. Esta disposición
permite que la sangre que lleva más oxígeno (es decir, la sangre
oxigenada que sale del filamento branquial) contacte con el agua que lleva más
oxígeno (el agua que entra al filamento), y la sangre que lleva menos
oxígeno (la sangre desoxigenada que entra en el filamento branquial)
contacte con el agua que lleva menos oxígeno (el agua que sale del filamento).
Como resultado, la concentración de oxígeno en la sangre en cualquier
parte del filamento branquial es inferior a la concentración de oxígeno
del agua que fluye por la cámara branquial y, así, el oxígeno
siempre fluye desde el agua hacia la sangre.
Los pulmones son cavidades internas
desde las cuales el oxígeno contenido en el aire pasa al torrente sanguíneo.
Presentan una ventaja abrumadora a quienes los portan ya que las superficies
respiratorias pueden mantenerse húmedas sin que se produzca una pérdida
grande de agua por evaporación. Los pulmones también se encuentran
en algunos invertebrados.
Algunos peces primitivos tenían
branquias y pulmones. Los anfibios y los reptiles tienen pulmones relativamente
simples, con pequeñas superficies internas y dependen en gran medida
de su piel para el intercambio gaseoso; los reptiles respiran casi enteramente
por sus pulmones.
Respiración en animales
grandes: algunos principios
Existen, básicamente, cinco tipos de sistemas respiratorios.

Diversidad de sistemas respiratorios.
a) En muchos organismos pequeños,
desde protistas hasta lombrices de tierra, el intercambio gaseoso se produce
a través de toda la superficie corporal. b) En los gusanos planos, el
intercambio gaseoso se produce a través de la superficie de un cuerpo
plano, forma que incrementa la relación superficie/volumen y disminuye
la distancia en que se desarrolla la difusión dentro del cuerpo. c) Las
branquias externas, como las de los gusanos poliquetos y algunos anfibios, incrementan
la superficie de intercambio, pero están desprotegidas. En estos organismos,
el intercambio gaseoso habitualmente ocurre también a través del
resto de la superficie corporal. d) Con branquias internas, el mecanismo de
ventilación impulsa el agua sobre las superficies branquiales altamente
vascularizadas, como en los peces. e) El intercambio gaseoso en los extremos
terminales de los tubos traqueales que se ramifican a través del cuerpo
y penetran en todos los tejidos es característico de los insectos y algunos
otros artrópodos terrestres. f) Los pulmones, presentes en todos los
vertebrados que respiran aire y en algunos invertebrados como los caracoles
terrestres, son sacos altamente vascularizados en los cuales fluye aire por
un mecanismo de ventilación.
En los animales grandes, las
moléculas de oxígeno provenientes del ambiente externo se desplazan
a los tejidos metabólicamente activos por difusión y flujo global.
El oxígeno proveniente
del medio externo (aire o agua) alcanza, por flujo global, los pulmones o las
branquias. Luego, por difusión pasa a través de este tejido epitelial
hasta la sangre desde donde, por flujo global circula hasta los tejidos donde
será utilizado. Finalmente, difunde desde la sangre a los fluidos intersticiales,
y hasta las células individuales para la respiración celular.
El dióxido de carbono,
que es producido en las células de los tejidos, sigue el camino inverso
y se elimina del cuerpo. La hematosis es el intercambio de CO2 y O2 en función
de sus diferencias de presión entre la sangre y la cavidad alveolar,
a través de una membrana constituida por la pared delalvéolo
y la del capilar.
El sistema respiratorio humano
En el Homo sapiens, como en
muchos otros animales, la inspiración o inhalación y la espiración
o exhalación del aire hacia y desde los pulmones, habitualmente ocurre
a través de la nariz donde son atrapadas partículas extrañas
y polvo. El aire entra a los pulmones a través de la tráquea y
avanza desde allí hasta una red de túbulos cada vez más
pequeños, los bronquios y bronquiolos, que terminan en pequeños
sacos aéreos, los alvéolos. El intercambio gaseoso tiene lugar
realmente a través de las paredes alveolares. El aire entra y sale de
los pulmones como resultado de cambios en la presión pulmonar que, a
su vez, resultan de cambios en el tamaño de la cavidad torácica.
En el siguiente esquema, en a) el aire entra a través de la nariz o de la boca y pasa a la faringe, entra en la laringe y sigue hacia abajo por la tráquea, bronquios y bronquiolos hasta los alvéolos b) de los pulmones. Los alvéolos, de los que hay aproximadamente 300 millones en un par de pulmones, son los sitios de intercambio gaseoso. c) El oxígeno y el dióxido de carbono difunden a través de la pared de los alvéolos y de los capilares sanguíneos.

El sistema respiratorio humano.
Desde las cavidades nasales, el aire pasa a la faringe y desde allí a
la laringe que contiene las cuerdas vocales y está situada en la parte
superior y anterior del cuello. El aire que pasa a través de las cuerdas
vocales al espirar las hace vibrar y esto causa los sonidos del habla.
Desde la laringe, el aire inspirado
pasa a través de la tráquea, un tubo membranoso largo también
revestido de células epiteliales ciliadas.
La tráquea desemboca
en los bronquios, que se subdividen en pasajes aéreos cada vez más
pequeños llamados bronquiolos.
Los bronquios y los bronquiolos
están rodeados por capas delgadas de músculo liso. La contracción
y relajación de este músculo, que se halla bajo control del sistema
nervioso autónomo ajustan el flujo de aire según las demandas
metabólicas.
Los cilios de la tráquea,
bronquios y bronquiolos baten continuamente, empujando el moco y las partículas
extrañas embebidas en él hacia la faringe, desde donde generalmente
son tragados.
El intercambio real de gases ocurre por difusión -como consecuencia de diferentes presiones parciales de oxígeno y dióxido de carbono- en pequeños sacos aéreos, los alvéolos, rodeados por capilares. El endotelio de los capilares y las células epiteliales planas de los alvéolos constituyen la barrera de difusión entre el aire de un alvéolo y la sangre de sus capilares.

El intercambio de los gases por difusión.
El intercambio de los gases por difusión se lleva a cabo debido a diferentes
presiones parciales de oxígeno y de dióxido de carbono en el alvéolo
y el capilar alveolar. Las cifras indican las presiones medidas en milímetros
de mercurio.
Los pulmones están cubiertos
por una membrana delgada conocida como pleura, que también reviste la
cavidad torácica. La pleura secreta una pequeña cantidad de fluido
que lubrica las superficies, de modo que éstas resbalan unas sobre otras
cuando los pulmones se expanden y se contraen.
Mecanismo de la respiración
Los cambios en el volumen de
la cavidad torácica son los responsables de la variación en la
presión de los pulmones.
Inhalamos contrayendo el diafragma
en forma de cúpula, que aplana y alarga la cavidad torácica, y
contrayendo los músculos intercostales, que empujan la caja torácica
hacia arriba y hacia afuera. Estos movimientos agrandan la cavidad torácica;
dentro de ella disminuye la presión y el aire entra a los pulmones. El
aire es forzado a salir de los pulmones cuando los músculos se relajan
y el sistema vuelva a su equilibrio, reduciéndose el volumen de la cavidad
torácica.
El sentido del flujo aéreo
en las vías respiratorias depende de la diferencia de presión
entre el alvéolo y la atmósfera. Cuando la presión alveolar
es mayor que la presión atmosférica, el aire sale y se produce
la espiración. Cuando la presión alveolar es menor que la atmosférica,
el aire fluye hacia adentro y ocurre la inspiración. Este proceso cíclico,
que es la base de la ventilación, se halla bajo control del sistema nervioso
autónomo.
Transporte e intercambio de
gases
El oxígeno es relativamente
insoluble en el plasma sanguíneo. En animales que no dependen de su sangre
para transportar oxígeno a cada célula, ya que poseen un sistema
respiratorio traqueolar, esta baja solubilidad tiene pocas consecuencias. En
otros animales, sería una limitación grave si no fuese por la
presencia de proteínas especiales transportadoras de oxígeno -los
pigmentos respiratorios-, que elevan la capacidad de transporte de oxígeno
de la sangre.
En los vertebrados, y en muchos
invertebrados el pigmento respiratorio es la hemoglobina, que está empaquetada
dentro de los glóbulos rojos. En los moluscos y los artrópodos,
la hemocianina, que contiene cobre en lugar de hierro, es el pigmento respiratorio
más común. Se conocen otros pigmentos respiratorios; todos son
una combinación de una unidad que contiene un ion metálico y una
proteína.
La hemoglobina tiene cuatro subunidades, cada una de las cuales puede combinarse con una molécula de oxígeno. La adición de cada molécula de oxígeno incrementa la afinidad de la molécula por la siguiente molécula de oxígeno. Recíprocamente, la pérdida de cada molécula de oxígeno facilita la pérdida de la molécula siguiente.

La curva de asociación-disociación oxígeno-hemoglobina.
Esta curva representa valores de porcentaje de saturación para la hemoglobina
humana de un adulto normal a distintas presiones parciales de oxígeno,
a 38° C y a pH normal. Cuando la presión parcial de oxígeno
se eleva, la hemoglobina incorpora oxígeno. Cuando la presión
de oxígeno alcanza 100 mm Hg, que es la presión presente habitualmente
en el pulmón humano, la hemoglobina se satura casi completamente con
oxígeno. Cuando la PO2 cae, el oxígeno se disocia de la hemoglobina.
Por lo tanto, cuando la sangre portadora de oxígeno alcanza los capilares,
donde la presión es sólo de 40 mm Hg o menos, libera parte de
su oxígeno (aproximadamente un 30 %) en los tejidos.
El dióxido de carbono
es más soluble que el oxígeno en la sangre y viaja, en parte,
disuelto en el plasma; en parte, unido a los grupos amino de las moléculas
de hemoglobina y, en mayor proporción, como ion bicarbonato (HCO3). Una
vez que se ha liberado en el plasma, el dióxido de carbono difunde a
los alvéolos y fluye del pulmón con el aire exhalado.
La mioglobina es un pigmento
respiratorio que se encuentra en el músculo esquelético. Estructuralmente,
se asemeja a una sola subunidad de la molécula de hemoglobina. La afinidad
de la mioglobina por el oxígeno es mayor que la de la hemoglobina, y
por eso toma oxígeno de la hemoglobina. Sin embargo, durante un ejercicio
intenso, cuando las células musculares utilizan el oxígeno rápidamente
y la presión parcial de oxígeno en las células del músculo
cae a cero, la mioglobina libera su oxígeno. De esta forma, la mioglobina
suministra una reserva adicional de oxígeno a los músculos activos.
Regulación de la ventilación
La ventilación es controlada
por el sistema nervioso, que ajusta la frecuencia y la amplitud de la inspiración
y espiración de acuerdo con las demandas del organismo. Lo hace de tal
manera que las presiones de oxígeno y dióxido de carbono en la
sangre arterial casi no se alteran. Este ajuste se realiza a través de
un grupo disperso de neuronas -el centro respiratorio bulbar -del bulbo raquídeo
y la protuberancia del tallo cerebral, responsable del control de la respiración
normal que es rítmica y automática.
En el centro respiratorio bulbar hay dos grupos de núcleos: el grupo respiratorio dorsal y el grupo respiratorio ventral. Ambos se conectan con las neuronas motoras de la médula espinal que controlan la musculatura respiratoria (diafragma y músculos intercostales).

Diagrama del control nervioso de la respiración
El centro respiratorio se halla modulado, a su vez, por la información
nerviosa proveniente de: quimiorreceptores centrales (en la cara ventral del
bulbo raquídeo), quimiorreceptores periféricos (en el cayado de
la aorta y el inicio de las arterias carótidas que irrigan el cerebro),
receptores de estiramiento del parénquima pulmonar, por la irritación
en las vías aéreas inferiores (bronquios y bronquiolos) y receptores
del dolor en los capilares pulmonares. Esta modulación funciona como
un sistema de retroalimentación capaz de autorregularse y mantener una
ventilación eficiente.
Por otra parte, el centro respiratorio
también se encuentra bajo influencia de estructuras nerviosas superiores,
como la protuberancia y el mesencéfalo y la corteza cerebral, que permite
el control voluntario de la ventilación.
Hay además una modulación
química de la ventilación. Existen quimiorreceptores centrales
y periféricos que monitorean los parámetros sanguíneos
asociados a la respiración (la PO2 arterial, la PCO2 y el pH plasmático).
Este sistema es extremadamente
sensible a cualquier cambio. Si la PCO2 y, por lo tanto, la concentración
de iones H+ se incrementa sólo ligeramente, la respiración inmediatamente
se hace más profunda y más rápida, permitiendo que más
dióxido de carbono deje la sangre hasta que la concentración de
iones H+ haya retornado a la normalidad.
El complejo sistema de sensores,
que vigila diferentes factores en diferentes ubicaciones, subraya la importancia
crítica de una provisión ininterrumpida de oxígeno a las
células del cuerpo de un animal, particularmente a las células
cerebrales.